Del diario, íbamos cuatro (dos redactores -Julio y yo- y dos gráficos - Aquije, quien lucía preocupado por tener familia en Ica, y Jean Marco-). Nos llevaron a cada uno a nuestras casas a sacar lo necesario. Mis patas del barrio sólo atinaban a decirme "Nos vemos en la otra" o "Va a haber réplica de 9º ¿qué vas a ir?". Bordeando las 12 de la medianoche estábamos cerca de la Panamericana Sur, paramos en un grifo y compramos sandguches, agua y Red Bull. Ahí imaginé que nadie dormiría . Previamente, Bernabé el chofer de la móvil ya había sido amenazado de no dormirse. Empezaba el largo recorrido escuchando RPP para enterarnos con qué nos íbamos a encontrar al llegar.
Durante el camino, el miedo seguía adherido a mí pero lo disimulaba con risas y jodas típicas de un viaje con gente conocida. La carretera lucía destrozada, las grietas eran espectaculares (preguntarle a Aquije que literalmente la tierra se lo tragó), los postes casi caídos y algunos autos botados en los costados. Empezaba a primar el tráfico. Todos querían llegar y nadie dejaba pasar. Sólo se veían muchos buses, camiones y autos particulares en la pista. El cielo despejado y el olor a mar también se hacían presentes. No nos quedaba otra que caminar por ratos, incluso en un momento perdimos a la móvil.
Nos encontrábamos en la Panamericana Sur, en la "repartición" (pista que se dirige a Pisco) donde todo el pueblo que había sobrevivido al terremoto pasó la noche. Sólo se abrigaban con una sábana, lo habían dejado todo por el pánico que invadió el pueblo. Ahí fue cuando nuestro grupo se separó. Iniciamos el camino a Pisco mientras amanecía. La gente huía en familias, el exilio de las personas con las miradas perdidas y signos de dolor me traían a la mente las fotos de una guerra. Esas escenas me hicieron recordar mi época de redactor de Internacionales durante el tiempo de la guerra en Líbano y las fotos de AFP. Empezaba a no creer que esas imágenes las vería en mi país.


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